«Más que ausencia de maltrato, el bienestar animal es tener una vida digna de ser vivida.»
La certificación Welfair® ha establecido un nuevo estándar en el bienestar animal, basándose en principios de respeto, ciencia y, sobre todo, en la observación directa del animal. Este enfoque marca una diferencia esencial: en lugar de evaluar las condiciones externas, observa al animal en su entorno, midiendo sus respuestas y su bienestar emocional y físico. Con esta entrevista, queremos ayudar a entender qué es realmente el bienestar animal y cómo el enfoque de Welfair®, centrado en la experiencia del propio animal, está transformando el sector agroalimentario. En ella, Antoni Dalmau, investigador del Programa de Bienestar Animal del IRTA, experto en el desarrollo de protocolos de evaluación del bienestar animal, coordinador de la Welfare Quality Network y miembro del Comité Científico de Welfair®, comparte su visión sobre cómo esta metodología no solo transforma el trato hacia los animales, sino que aporta un estándar ético y científico para los cuidadores del sector agroalimentario. Para él, el bienestar no solo debe ser la ausencia de maltrato, sino la presencia de condiciones que permitan a los animales tener una vida digna de ser vivida.
Un viaje de vocación y ciencia
Desde joven, Antoni Dalmau sintió un fuerte interés por el comportamiento y la vida de los animales, lo que lo llevó a estudiar veterinaria. “Aunque estuve a punto de inclinarme por la biología, finalmente elegí veterinaria”, comenta. Cuando acabó la carrera y se le presentó la oportunidad de hacer un doctorado, optó por hacer una investigación en fauna salvaje, sobre el comportamiento, selección de hábitat, conducta social y conducta alimentaria del Rebeco en los Pirineos.
Sin embargo, su paso al estudio de los animales de granja le dio un sentido de propósito renovado: mejorar las condiciones de bienestar para especies como el porcino, el vacuno, las aves y los conejos. Se unió a l’Institut de Recerca i Tecnologia Agroalimentàries (IRTA), donde ha trabajado los últimos veinte años. “Para mí, el bienestar animal ha de ser un estado de salud física y mental bueno. Implica comprender cada etapa de vida de un animal, desde que nace hasta que muere. Mi objetivo siempre ha sido buscar todas las estrategias posibles para que los animales puedan tener una vida digna, reduciendo el sufrimiento al mínimo posible y con una calidad de vida alta”, reflexiona Antoni.
El bienestar animal: centrarse en el propio animal, no en su entorno
“El bienestar animal no va de mirar cómo está el entorno del animal, sinó de ver cómo el animal interacciona con ese entorno. Y es importante que entendamos este enfoque, por qué es lo justo, para ellos y para nosotros. El bienestar es algo que le pertenece al animal, es suyo, y hay que medirlo en el animal”, señala Dalmau al explicar el enfoque Animal-Based. Este concepto se centra en medir el bienestar del propio animal a partir de indicadores que reflejan su experiencia de vida. “Por ejemplo, si el animal tiene lesiones, si cojea o muestra signos de miedo, estas son señales directas de que algo no está bien. Y podemos llegar a la conclusión que no sabemos por qué el animal tiene miedo, igual no encontramos nada en el entorno que nos lo explique, pero la realidad es que eso es lo que está sintiendo y transmitiendo el animal, y el bienestar animal va de eso, de la experiencia vital de ese animal. Por el contrario, cuando miramos el entorno, ya sean las instalaciones o el manejo que hace el propio ganadero, lo que estamos evaluando son factores de riesgo, que son interesantes para una guía de buenas prácticas, pero no te dicen absolutamente nada del estado de bienestar de los animales. Por ejemplo, hay un agujero en el suelo y no debería estar para evitar que los animales se hagan daño, pero que tu tengas un papel que diga que en tu granja no hay ningún agujero en el suelo no te dice nada sobre el bienestar de los animales de esa granja. Es más, incluso cuando haya un agujero seguirás sin saber nada del estado de esos animales, solo que viven en un corral en el que igual se hacen daño por culpa de un agujero en el suelo. La diferencia de enfoque es importante y aunque es bueno utilizar las dos aproximaciones, es decir, mirar que no haya agujeros en el suelo y que no haya animales con lesiones en las extremidades, la primera es una evaluación de riesgos y es solo la segunda la que es una evaluación de bienestar animal”, explica el científico.
El enfoque Animal-Based se desarrolló durante años en diversos foros científicos, incluyendo el proyecto europeo Welfare Quality, un proyecto financiado por la Unión Europea, en respuesta a la necesidad de definir estándares de bienestar animal que pudieran utilizarse en toda la UE. “Así como aún ahora las normativas de bienestar animal se suelen basar en tener controlados los factores de riesgo, en el proyecto Welfare Quality se vio claro desde el primer momento que, si queríamos una herramienta para medir el bienestar animal y no solo factores de riesgo, teníamos que centrarnos en medidas que provinieran de los propios animales”, aclara Dalmau. Welfare Quality descubrió que era crucial establecer un protocolo basado en la observación directa y sistemática del animal, midiendo su respuesta y comportamiento.
“El comportamiento es un aspecto esencial en la evaluación del bienestar,” destaca Dalmau. “Para nosotros, evaluar el bienestar implica permitir que el animal exprese sus conductas naturales, es decir, aquellas que le son propias como especie, y muy especialmente las que han acabado siendo necesidades de conducta.”. De esta forma, el enfoque Animal-Based mide la interacción entre el entorno y el animal, evaluando las consecuencias de esta interacción en el propio individuo. “Este enfoque permite entender al animal desde su propia perspectiva, poniendo su bienestar en el centro de la evaluación”, concluye el científico.
Los cinco dominios del bienestar animal: una nueva definición de calidad de vida
El cambio de las “cinco libertades” a los “cinco dominios” representa una evolución significativa de cómo entendemos el bienestar animal. Estas cinco libertades, desarrolladas en el Reino Unido en los años 70 y 80 e inspiradas por el libro Animal Machines de Ruth Harrison (escrito en los 60), establecieron que el bienestar animal se sustentaba en cinco puntos fundamentales, que los animales estuvieran libres de hambre, sed, incomodidad física y térmica, lesión, enfermedad, miedo y dolor, y que pudieran expresar comportamientos naturales. “En su momento, estas libertades sirvieron como gran definición universal de bienestar animal,” explica Dalmau, “pero estaban centradas principalmente en evitar el maltrato, más que en fomentar un estado positivo del animal. De hecho, si nos fijamos en algo tan sencillo como las emociones, se centra en dos de ellas, indicando que el animal no debe tener miedo ni dolor, pero no se habla de ningún otro estado emocional.”
A partir de los años 2000, se produce un cambio en este enfoque. Por un lado, en el proyecto Welfare Quality se cambia el concepto de ausencia de miedo (heredado de las cinco libertades) por un estado emocional positivo (intentando explicar que las emociones van mucho más allá de ausencia de miedo y dolor). Por otro lado, en el Reino Unido, el mismo consejo que había creado las cinco libertades las da por obsoletas en el año 2009 y establece un nuevo concepto, el del Life Worth Living,” comenta Antoni, refiriéndose a la idea de que el bienestar animal debe proporcionar al animal una vida que valga la pena vivir, no solo una vida sin sufrimiento. Años más tarde, en año 2016, se publican los cinco dominios, que son una evolución natural de los 4 principios del Welfare Quality, en el que estos pasan a ser los primeros 4 dominios del bienestar animal y se crea un quinto que se denomina estado mental, asumiendo que es el más importante y en el que acaba definiéndose el bienestar como tal. Es decir, el bienestar animal depende de que haya una buena nutrición (primer dominio), un buen entorno (segundo dominio), una buena salud (tercer dominio), un comportamiento apropiado (cuarto dominio) y todo ello hará que el animal tenga un buen estado emocional y mental (quinto dominio).
Actualmente, proyectos como el European Partnership for Animal Health and Welfare y la Action Cost Lift están desarrollando nuevos indicadores para medir estos estados emocionales bajo lo que se denomina indicadores positivos de bienestar. Estos indicadores buscan observar no solo cuándo un animal está mal, sino también cuándo se encuentra en un estado positivo de bienestar. “Hemos pasado de ver el bienestar animal solo como la ausencia de maltrato a entenderlo como una vida digna de ser vivida, que también incluye experiencias positivas», concluye Dalmau, subrayando que este cambio hacia los cinco dominios ofrece una visión mucho más completa y enriquecedora del bienestar animal.
El nacimiento de Welfair®
El nacimiento de Welfair® tiene sus raíces en el proyecto Welfare Quality, “Welfare Quality estableció estándares para vacuno, porcino y aves de corral, y contó con un presupuesto importante para desarrollar estos protocolos.” Este esfuerzo buscaba, entre otras cosas, responder a la creciente demanda de los consumidores europeos por productos que respetaran el bienestar animal. Posteriormente, a través del proyecto AWIN y con la participación de científicos de NEIKER, se dio continuidad al desarrollo de protocolos con la misma metodología en nuevas especies.
Asimismo, Welfair® se basa en criterios científicos rigurosos que aseguran la validez de sus protocolos y no solo busca el bienestar de las especies más conocidas, como el ganado vacuno o las aves, sino que también se preocupa por otras menos comunes.
