«Las auditorías no solo evalúan, también ayudan a homogeneizar y mejorar las prácticas en las granjas»
La certificación Welfair® no sólo se limita a cumplir normativas; su propósito es comprender realmente cómo viven y se sienten los animales. En esta entrevista, Laura Pérez Sala, Lead Auditor de Welfair®, comparte su trayectoria profesional, las claves de su trabajo diario y cómo este esquema de certificación, basado en criterios científicos, está transformando la industria agroalimentaria para garantizar un futuro más ético y responsable.
Una trayectoria marcada por la pasión por el bienestar animal
Laura Pérez comenzó su carrera como veterinaria autónoma, asesorando de forma independiente al sector porcino. Desde el inicio, se especializó en manejo, bioseguridad y gestión de personal, áreas fundamentales para garantizar una correcta relación entre los cuidadores y los animales. Fue hace cinco años cuando Laura se encontró con una nueva oportunidad profesional cuando le hablaron de un protocolo relacionado con el bienestar animal.
La etología y el bienestar siempre le han parecido temas fundamentales dentro de la profesión veterinaria. Por eso, decidió formarse en el protocolo Welfair®, completó los dos módulos específicos para porcino y comenzó a auditar. «Me pareció un trabajo excepcional porque me enseñó a observar de nuevo, algo que muchas veces los veterinarios perdemos con el tiempo. Además, sentí que estaba haciendo algo importante para mejorar la vida de los animales», reflexiona Laura.
El rol de Lead Auditor y las responsabilidades en el protocolo Welfair®
Como Lead Auditor, Laura tiene responsabilidades que abarcan tanto la supervisión técnica como la parte formativa y administrativa. En su caso, se encarga principalmente de los módulos relacionados con el porcino, dado que es su especialidad.
Las tareas incluyen resolver dudas y cuestiones planteadas por los auditores, encargarse de su formación, llevar a cabo su habilitación y realizar supervisiones anuales. Cada cinco años, se llevan a cabo calibraciones para garantizar que los estándares se mantengan homogéneos en todas las evaluaciones. Además, hay una parte informativa que implica gestionar no conformidades y revisar informes.
En cuanto a la formación que se exige a los auditores, Laura explica que se les pide que tengan una titulación, necesariamente relacionada con el sector y, si es posible, algo de experiencia. Además, “es imprescindible un conocimiento básico de bioseguridad y manejo, sobre todo porque observamos, pero también trabajamos dentro de los corrales. Hay que saber cómo tratar y cómo interactuar con los animales y, por supuesto, conocer bien las condiciones de una granja”.
Laura destaca que la habilitación de nuevos auditores es un paso imprescindible. Este proceso consta de una semana de formación intensiva en la que se enseña el protocolo, se practican las medidas y se realizan exámenes teóricos y prácticos en granjas. «La habilitación es una formación, pero también es evaluativa. Si el auditor no reúne las competencias necesarias, no puede desempeñar el rol, aunque la mayoría logra superar esta etapa.»
La supervisión de los auditores se realiza de dos formas: por un lado, derivada de posibles desviaciones detectadas en los informes o en acompañamientos, y por otro, a través de supervisiones periódicas anuales. Estas supervisiones permiten homogeneizar los criterios y garantizar que las evaluaciones en las granjas se lleven a cabo de manera consistente, independientemente del lugar o del auditor.
Cómo funciona el proceso de auditoría en Welfair®
El sello de bienestar animal Welfair® es completamente voluntario. Las granjas se suman a él de forma voluntaria, ya sea por convencimiento de la importancia del bienestar animal, porque el matadero lo pide o porque el cliente final, como las cadenas de distribución alimentaria, lo solicita. Este protocolo se basa en el animal, siguiendo cuatro principios (buena alimentación, buen alojamiento, buena salud y buen comportamiento) y doce criterios definidos tras años de investigación científica. Las medidas que se aplican permiten evaluar de manera objetiva y medible el bienestar de los animales.
Para seleccionar las granjas a auditar, se toma la raíz cuadrada del número total de granjas de una empresa, determinando así una muestra representativa. “Internamente, cada año se evalúan todas las granjas de una empresa. Por otro lado, de manera externa, las entidades de certificación evalúan una muestra representativa. Esta muestra equivale a la raíz cuadrada del número total de granjas de la empresa, y son seleccionadas de manera aleatoria según las características de las explotaciones.”, explica la Lead Auditor.
Aunque la mayoría de las auditorías se pactan con el cliente, también existe un porcentaje de auditorías no anunciadas, que tienen como objetivo asegurar que las buenas prácticas se apliquen diariamente y no solo el día de la auditoría.
Criterios científicos y su implementación en las auditorías
Los principios fundamentales del protocolo Welfair® derivan de las cinco libertades definidas hace décadas para los animales. Cada uno de ellos se mide mediante criterios específicos y observables, como la facilidad de movimiento, la ausencia de lesiones o enfermedades.
“Estas medidas son mayoritariamente objetivas y rápidas de evaluar en el momento de la visita, ya que no requieren herramientas específicas. Por ejemplo, la facilidad de movimiento se determina observando el espacio real disponible para cada animal. Esta metodología asegura consistencia y fiabilidad en las auditorías, gracias también al entrenamiento previo que reciben los auditores”, aclara Laura.
Resultados de las auditorías y comunicación con las granjas
El resultado de la auditoría se introduce en un simulador que calcula una nota final entre 0 y 100 puntos. Esta puntuación también desglosa los resultados por cada criterio y principio. Para aprobar, es necesario llegar, como mínimo, al nivel “bueno”, además de cumplir ciertos umbrales en los principios evaluados. «Es una cuestión completamente numérica, no emocional», aclara Laura.
“Como ya he dicho, la obtención de la certificación Welfair es un acto voluntario, pero algo que está muy claro es que no podemos otorgarla si una granja no cumple con la legislación de bienestar animal. Contamos con un checklist de prerrequisitos basado en la normativa legal y algunos aspectos adicionales de bioseguridad y manejo. No es que evaluemos esa legislación, sino que verificamos que se cumpla como condición necesaria para realizar la auditoría de bienestar animal”, explica. Por lo tanto, puede suceder que haya granjas que cumplen con los criterios del protocolo observados en los animales, pero que no superen algún punto de los prerrequisitos legales. “Aunque los criterios del protocolo se hayan cumplido, no podemos otorgar el sello si la legislación no se respeta”, acaba.
En caso de no conformidades, es decir, incumplimientos de los requisitos del protocolo, el auditor debe explicarlas al ganadero, quien tiene un plazo de 30 días para presentar un Plan de Acciones Correctivas (PAC). Este plan se evalúa y, si es necesario, se solicitan acciones adicionales o auditorías extraordinarias para verificar su implementación. Las no conformidades también pueden aumentar el muestreo en un 25 % dentro del esquema de certificación.
Retos y visión de futuro en el bienestar animal
Uno de los principales retos que enfrenta Laura en su labor es explicar el rol del auditor y superar la percepción de que se trata de un inspector que busca fallos. Según ella, la comunicación y la empatía son claves para que los ganaderos comprendan el proceso y colaboren en la mejora continua. «El ganadero es el primero interesado en el bienestar de sus animales, y cuando les damos herramientas para mejorar, lo hacen de forma agradecida, porque saben que beneficia tanto a los animales como a su propia actividad”, acaba.
“Cuando surgieron los protocolos de Welfair® se hizo un esfuerzo gigante y enorme: pasar de no tener nada a tener algo que nos permitiera medir el bienestar de los animales. No solo miramos las instalaciones, sino que realmente observamos a los animales, y para mí eso fue un avance impresionante”. Con optimismo, Laura concluye que el trabajo conjunto entre ganaderos, veterinarios y auditores ya está marcando la diferencia, mejorando el bienestar animal y fomentando un futuro más ético para la industria agroalimentaria. Aun así, “el camino a seguir se tiene que basar en desarrollar protocolos que permitan evaluar de forma más precisa y realista el bienestar en los diferentes tipos de producción existentes en nuestro país y en Europa”.
